12 Feb Monitores de estudio bajo los 500 euros: Tu primera mejora real
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Producís beats con los altavoces del portátil o con auriculares y os preguntáis por qué vuestro mezcla suena distinta en cualquier otro sistema. La respuesta es sencilla: no estáis escuchando lo que realmente hay. Los monitores de estudio os muestran la verdad sobre vuestro sonido. Y para eso no necesitáis gastar 2.000 euros.
Por qué vuestros auriculares mienten
Los auriculares son excelentes para escuchar música. Pero son malos para mezclar. Cada auricular tiene una coloración tonal propia. Algunos enfatizan los graves, otros los agudos; ninguno os muestra el sonido tal como realmente es. El resultado: corregís problemas que solo existen en vuestros auriculares y, al hacerlo, generáis nuevos problemas que serán audibles en cualquier otro sistema.
Los altavoces Hi-Fi tampoco son mejores. Están diseñados para que la música suene bien. Los monitores de estudio están diseñados para que la música suene con honestidad. La diferencia es fundamental. No queréis escuchar que vuestro beat suena bien. Queréis saber dónde tiene debilidades. Quien quiera saber más sobre la diferencia entre auriculares circumaurales e intraaurales encontrará aquí la comparativa.
Las cuatro grandes marcas bajo los 500 euros
KRK Rokit 5 G4 (unos 180 euros por unidad): Las membranas de kevlar amarillas son una declaración de intenciones. KRK suena cálido y favorece los graves, lo que explica su popularidad entre productores de hip-hop y electrónica. Ajuste de ecualización mediante aplicación móvil basado en DSP. Peligro: el énfasis en los graves puede llevaros a incluir demasiado poco contenido en el rango de bajos en vuestra mezcla.
Yamaha HS5 (unos 170 euros por unidad): El estándar industrial. Cono blanco, respuesta en frecuencia legendariamente plana. Las HS5 no perdonan nada y os revelan cada error. Ideal para quienes buscan honestidad y saben cómo gestionarla. El rendimiento en graves es suficiente para la mayoría de los estudios caseros; para subgraves profundos necesitaréis un subwoofer.
Adam Audio T5V (unos 200 euros por unidad): El consejo reservado. El tweeter U-ART de Adam ofrece una resolución de detalle poco habitual en esta gama de precios. Especialmente potente en voces y agudos. Quien trabaje mucho con voces apreciará especialmente las T5V.
JBL 305P MkII (unos 150 euros por unidad): El rompeprecios. JBL ha demostrado con su serie 3 que un buen sonido de monitor no tiene por qué ser caro. Tecnología Waveguide para un «punto dulce» amplio y una reproducción de graves sólida. La opción perfecta para empezar.
La colocación importa más que la marca
Podéis gastar 500 euros en monitores y aun así hacer mezclas deficientes si su colocación no es correcta. La regla de oro: triángulo equilátero. Ambos monitores y vuestra cabeza forman un triángulo con lados de igual longitud. Los tweeters deben estar a la altura de los oídos. Distancia mínima de 20 centímetros respecto a la pared, idealmente mayor.
El desacoplamiento es el siguiente paso. Colocar los monitores directamente sobre el escritorio transmite vibraciones a la superficie, que entonces vibra junto con ellos y falsea la reproducción de los graves. Almohadillas de aislamiento (soportes de espuma, desde 20 euros) resuelven este problema. Nada de magia: pura física. Quien quiera controlar realmente su sonido invertirá, tras adquirir los monitores, en una interfaz de audio adecuada.
«El monitor más caro del mundo suena peor en una sala sin tratar que un par de 300 euros en una habitación acústicamente optimizada.»
Acústica de la sala: El cambio radical subestimado
Vuestra sala es el problema, no vuestros altavoces. Las paredes paralelas generan ondas estacionarias. Las esquinas refuerzan los graves. Las superficies de vidrio reflejan los agudos. Todo ello falsea lo que escucháis. La buena noticia: no tenéis que construir un estudio acústico profesional.
Colocar absorbentes en los puntos de primera reflexión (paredes laterales a la altura de los monitores) produce la mayor diferencia. Podéis fabricarlos vosotros mismos con lana de roca y bastidores de madera por menos de 50 euros por unidad. Añadid además un trampa de graves en las esquinas detrás de vosotros. El presupuesto total para una acústica de sala funcional: menos de 200 euros. El efecto sobre vuestras mezclas: incalculable. Profesionales como Skrillex han producido en habitaciones de hotel, pero sabían exactamente cómo sonaban sus monitores en cada entorno.
¿Qué monitor os conviene?
Para hip-hop y electrónica: KRK Rokit 5 G4. Su sonido cálido en graves os ayudará a tomar decisiones sobre el bajo sin tener que recurrir constantemente a los auriculares.
Para producción general y mezcla: Yamaha HS5. La respuesta más plana de su gama de precios. Lo que escucháis es lo que hay.
Para música centrada en voces: Adam Audio T5V. Su tweeter os mostrará sibilantes y ruidos respiratorios que pasaríais por alto con otros monitores.
Para el presupuesto más ajustado: JBL 305P MkII. En ninguna otra parte obtendréis más sonido por euro.
Por qué los auriculares no bastan
Todo productor empieza con auriculares. Y todo productor serio se da cuenta tarde o temprano: los auriculares mienten. No intencionadamente. Pero generan una imagen sonora que no existe en el mundo real. El escenario estéreo es excesivamente amplio, los graves suenan demasiado cercanos y el campo estéreo vive enteramente dentro de vuestra cabeza, no en el espacio físico.
Los monitores de estudio os muestran la verdad. Si los graves suenan demasiado fuertes en los monitores, es que lo son. Si las voces se pierden, es que se pierden. Los monitores no son altavoces que deban sonar bien. Son herramientas que con honestidad deben sonar. Y la honestidad, al principio, suena decepcionante. Vuestra mezcla, que habíais dado por terminada tras escucharla con auriculares, de repente suena borrosa, estridente y desequilibrada en los monitores. Eso no es un fallo de los monitores. Es la realidad.
Los tres modelos en detalle
Yamaha HS5 (unos 169 euros/unidad): El estándar industrial. Su membrana blanca es un distintivo reconocible y su sonido es plano, honesto y sin concesiones. Sin adulaciones, sin efectismos. Si vuestra mezcla suena bien en las HS5, sonará bien en todas partes. Las HS5 disponen de 70 vatios bi-amplificados (45 W para el woofer + 25 W para el tweeter) y un woofer de 5 pulgadas. Perfectas para salas pequeñas de menos de 15 metros cuadrados. Para espacios mayores necesitan un subwoofer.
Adam Audio T5V (unos 149 euros/unidad): La entrada de Adam, pero equipada con el tweeter U-ART que también emplean sus modelos mucho más caros. El resultado: agudos con una resolución de detalle superior a la de la competencia. Potencia total de 70 vatios (50 W para el woofer + 20 W para el tweeter). Quien trabaje mucho con voces, guitarras acústicas o arreglos orquestales se beneficiará de esta resolución en agudos. Para música orientada a los graves (hip-hop, electrónica) resultan algo insuficientes sin un subwoofer.
PreSonus Eris E5 XT (unos 229 euros/par): El consejo reservado. Por ese precio obtenéis dos monitores con controles acústicos de ajuste en la parte trasera. Tres interruptores permiten adaptar el sonido a vuestra sala: refuerzo o atenuación de frecuencias altas, refuerzo o atenuación de frecuencias medias y caída de frecuencias bajas. Un auténtico tesoro para estudios caseros sin tratamiento acústico. Compensáis los problemas de la sala directamente en el monitor, no mediante software.
Acústica de la sala: El factor que todos olvidan
Podéis gastar 500 euros en monitores y aun así percibirlos como deficientes. No porque los monitores sean malos, sino porque vuestra sala lo es. Un dormitorio sin tratar presenta ondas estacionarias, reflexiones procedentes de paredes y techo, y unos graves que retumban en las esquinas y desaparecen en el centro.
La buena noticia: no tenéis que construir una sala anecoica. Unos pocos paneles absorbentes colocados en los puntos de primera reflexión (las zonas de las paredes laterales justo al lado de vuestra posición de escucha) cuestan entre 50 y 100 euros y producen una diferencia audible. Añadid además una trampa de graves en las esquinas de la sala y resolveréis el 80 % de los problemas.
La posición de los monitores es igual de importante: triángulo equilátero, con vuestra cabeza como tercer vértice. Los tweeters a la altura de los oídos. Distancia mínima de 30 cm respecto a la pared. Nunca los coloquéis en una esquina. Estos fundamentos no cuestan nada y mejoran el sonido más que una actualización de monitores de 200 a 500 euros. Quien tome en serio su sonido tratará primero la sala y luego adquirirá el hardware.
- producís con auriculares o con los altavoces del portátil
- vuestras mezclas suenan distintas en otros sistemas
- estáis dispuestos a aceptar un sonido honesto
- escucháis música principalmente, no producís
- vivís en una residencia compartida y no podéis hacer ruido
- aún no tenéis una interfaz de audio
Q&A después del show
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¿Necesito una interfaz de audio para mis monitores de estudio?
¿Monitores de 5 o de 8 pulgadas para una habitación pequeña?
¿Puedo usar mis monitores de estudio también para escuchar música?
Fuente de imagen principal: Pexels / Jan Makwela
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