03 Jun Los derechos de transmisión: cuánto llega al artista por transmisión
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Un stream solo reporta a un artista una fracción de céntimo. Todo el mundo conoce esta cifra, pero casi nadie entiende cómo se llega a ella ni adónde va realmente el dinero desde el clic hasta el pago. No se trata de una conspiración malvada, sino de un frío modelo de cálculo con muchas manos que también quieren su parte. Quien lo comprende de una vez, ve el debate sobre una remuneración justa con mucha más claridad.
Por qué no hay una cifra fija por stream
La idea extendida de que un stream tiene un importe fijo es el primer error de concepto. No existe un precio establecido. El rango citado a menudo de aproximadamente entre 0,3 y 0,5 céntimos por stream es solo un promedio posterior, no una tarifa. Lo que realmente se paga depende de muchos factores: de qué país procede el oyente, si tiene una suscripción de pago o utiliza la versión gratuita con publicidad, y cuánto se recaudó en total en el mes correspondiente.
La razón está en el modelo de facturación. Las grandes plataformas no pagan una cantidad fija por cada reproducción individual. Distribuyen un fondo común total. Por eso, una misma canción puede reportar algo más un mes y algo menos al siguiente, sin que sus cifras de oyentes hayan cambiado mucho.
El modelo pro rata: una olla, muchas participaciones
¿Qué es el modelo pro rata? En el modelo pro rata, una plataforma de *streaming* recoge todos los ingresos procedentes de suscripciones y publicidad en una gran olla y distribuye esta olla de forma proporcional según la cuota de *streaming* de cada canción respecto al total de reproducciones. Quien tenga el uno por ciento de todas las reproducciones de un mes, recibe aproximadamente el uno por ciento de la olla repartible.
Esto suena justo, pero tiene una consecuencia muy discutida. Tu dinero de suscripción no va a los artistas que escuchas, sino a la gran olla. Si durante un mes entero solo escuchas a una pequeña banda indie, tu aportación acabará yendo mayoritariamente a las estrellas más reproducidas, ya que estas tienen la mayor participación en la olla total. Precisamente aquí radica la crítica, y algunos exigen un modelo centrado en el usuario, en el que tu dinero siga a los artistas que realmente escuchas.
Quién gana dinero en el camino hacia el artista
La cantidad que reparte la plataforma no es lo que llega al artista. Entre la olla y la cuenta bancaria hay varias estaciones. Primero, la plataforma se queda con su parte para operación y beneficio. Lo que queda va a los titulares de los derechos, y rara vez es el artista directamente. En un contrato discográfico clásico, el dinero llega primero al sello, que deduce sus anticipos y costes y solo reparte un porcentaje fijado por contrato.
Además, hay otros implicados: el distribuidor digital, que lleva la canción a las plataformas, y la editorial musical, que gestiona los derechos de composición y letra. Cada una de estas estaciones tiene su justificación, pero cada una se queda con una parte. Al final de la cadena está el artista con lo que queda. Quien asume la producción por su cuenta, se ahorra algunas estaciones, pero también asume todos los costes.
Por qué afecta especialmente a los artistas pequeños
El modelo premia la masa. Quien acumula millones de *streams* llega a sumas relevantes, incluso con una cantidad mínima por reproducción. Quien tiene unos pocos miles de oyentes fieles, se queda con muy poco al final. Esto se agrava con una tendencia reciente: algunas plataformas ya no pagan por las canciones que no alcanzan un umbral anual de *streaming*. Esos microingresos vuelven a la olla de los grandes.
Para artistas de nicho y nuevos talentos, esto significa que el *streaming* por sí solo rara vez es suficiente. Los ingresos se desplazan hacia los conciertos en directo, el *merchandising* y las ventas directas a su base de fans. El *streaming* se convierte entonces más en un escaparate que en la principal fuente de ingresos. No es un panorama catastrófico, sino la cruda realidad con la que planea toda una generación de músicos.
Lo que te llevas como oyente
Este conocimiento cambia tu forma de consumir música. Si te importa una banda pequeña, un álbum comprado, una entrada de concierto o una prenda de *merch* suele valer para ellos más que mil *streams*. Las compras directas en plataformas que destinan un gran porcentaje a los artistas llegan de manera más tangible que una reproducción más en la lista de reproducción.
Esto no significa que el *streaming* sea malo. Es cómodo, inmenso e insuperable para descubrir nueva música. Pero es un escaparate, no una fuente de ingresos completa para la mayoría de los artistas. Quien lo interioriza, escucha de forma más consciente y apoya a los grupos que le importan por las vías que realmente les benefician. La próxima vez que escuches tu canción favorita, fíjate si la banda tiene su propia tienda.
Lista de reproducción para escuchar
Tres temas que se encuentran entre los más reproducidos de la historia y muestran cómo la masa, en el modelo *pro-rata*, se traduce en cifras reales. Precisamente estos éxitos sacan la mayor parte del pastel común.
Preguntas y respuestas tras el espectáculo
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¿Cuánto gana realmente un artista por stream?
¿Ayuda escuchar una canción en repetición?
¿Por qué algunos artistas pequeños no reciben nada?
¿Qué es un modelo centrado en el usuario?
¿Cómo puedo apoyar mejor a mi banda favorita?
Redacción IBS Publishing ››
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